Saludé de nuevo a la vida, y le pedí a la luna que velara
por nosotros…
…porque el destino no existe ni las casualidades tampoco.
Porque en ese preciso instante comprendí que, si habías aparecido en mi vida,
era por algo. Porque esa sonrisa en mi cara no podía engañarme. Porque mi
corazón latía sincronizado con el tuyo… …
…porque, después de mucho tiempo, el espejo me guiñó un ojo,
y el aire olía a amor…

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