El lado oscuro del corazón



“Y poder ir más allá de las palabras gracias a ellas.
Envolver en anécdota lo que es sentimiento. Ponerle tiempo a lo que es eterno.
Morir de golpe en cada latido denso y lento de cada una de tus emociones.
Volar porque está uno enamorado aunque no sepa lo que es eso..."




44









Sólo los que perdieron algún ser querido, alguno realmente importante y que por ley de vida abandonara prematuramente esta vida, saben que se sigue contando en silencio sus aniversarios.

Decía con mucha razón Alphonse de Lamartine que:
“A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd”.

Es cierto, pero sólo en parte. La realidad es que mientras una sola persona en este mundo nos recuerde, no moriremos del todo, parte de nosotros sigue viva.
Vivimos pendientes de nuestra perdurabilidad física en la tierra, ajenos a la importancia de echar raíces en corazones y memorias ajenas… al fin y al cabo, es la única forma de inmortalidad que conozco.
Hoy 21 de Mayo, sigo contando… Feliz 44… allá donde estés.






Contrato ad referendum






Contrato ad referendum

Es muy frecuente escuchar la aseveración: “Cuando nos casemos mi novio (o mi novia) va a cambiar”. Y el casamiento se realiza con el contrato matrimonial ad referéndum de la transformación que el cónyuge va a experimentar. Por supuesto los cambios aparecen, pero no son radicales, son pequeños, resultados del diario convivir. Pero muchas veces no son lo que se espera: el gran cambio, la mudanza total que haga al marido o a la mujer, el ser ideal que se acomode a las expectativas del casado o casada. Cuando el juez o el sacerdote plantea la pregunta: Acepta a ... por marido o esposa?, se habla del que es en el momento del matrimonio, con sus defectos y virtudes. La respuesta afirmativa, aunque de buena fe, es falsa si detrás está la esperanza del gran cambio, o del cambio simplemente de lo que se considera una carencia o un defecto. Los novios se conocen o creen conocerse pero, se “aceptan”? Se aceptan a sabiendas del carácter de su pareja? Cada uno tiene una personalidad y actúa en consecuencia con la misma. Nada es sorpresivo. Cada cual obra según su saber, su manera de ver la vida. El sentimiento los une pero no borra su biografía. Y se disimulan desencuentros en espera de la transformación que se va a producir.
 Enamorarse es poner en el otro todo lo que uno precisa. Se dice que el amor es una necesidad y no por eso es menospreciable. Por el contrario, es el sentimiento que nos hace dejar de ser solos, compartir, tratar de formar con el otro una unidad. Pero no basta estar enamorado para casarse. Es bueno que el casamiento se haga por amor o con amor, pero la convivencia exige un esfuerzo que no todos están dispuestos a realizar. Casarse es aceptar el cercenamiento de la libertad en beneficio de un deseo: compartir. El precio de la libertad es la soledad y si se acepta no estar solo hay que saber reconocer el trabajo de estar con el otro, diferente, personal y no siempre un dechado de virtudes.
  El matrimonio es un proyecto que se realiza día a día.
  El contrato matrimonial se renueva cada mañana, y si no se renueva, aunque la pareja siga aparentemente unida, ya no lo está. El cristal se ha quebrado y la rajadura, aunque imperceptible, existe. Por ella se va perdiendo la vida.
  El sentido posesivo (mi marido, mi mujer) no resuelve los conflictos. Nadie le pertenece a nadie. Sólo se está junto al otro por libre elección. O por lo menos así debería ser. Y la elección tiene que ser clara, real, no nublada por sentimientos que confunden. No creo que en la pareja haya que admitirlo todo, resignarse, aguantar, sino que hay que plantearse la posibilidad del trabajo que significa convivir. Es hermoso vivir en pareja, pero uno tiene que preguntarse si acepta las diferencias y tolera las carencias. El temor a la soledad puede inducir a la unión, pero volvemos a la premisa: estar acompañado es aceptar las limitaciones. Pero esas limitaciones deben ser conocidas a priori y no a posteriori. Es cierto que nadie nació sabiendo, y que en el diario vivir se aprende, pero si una carencia o si un defecto es intolerable, no puede esperarse que el tiempo lo solucione todo.
  Lo cotidiano puede transformarse en intolerable, la secuencia de los días en un aburrimiento apabullante, y si no se hace el esfuerzo de traer aire nuevo, la vida puede hacerse tan tediosa que el amor desaparece.
  El amor, o mejor la relación, siempre se termina. Si se acaba es un hecho. Puede transformarse en otra forma de amor y entonces no se termina, y la pareja puede continuar unida. Pero si se termina hay que plantearse la difícil convivencia de dos seres que responden a aquello de qué terrible soledad la de dos en compañía. Hay que hacer un nuevo planteo y debe ser sincero y cabal. Uno tiene que admitir sus propios defectos, su intolerancia, sus deseos no satisfechos y no esperar de los otros la solución total de sus problemas. Se puede aguardar colaboración, ayuda, pero no todo; y de la pareja, mayor comunicación, más empeño en encontrar las respuestas. Pero si eso no existe hay que averiguar que está uno dispuesto a dar, a pesar de todo.
  La relación matrimonial no es un toma y daca: “yo te doy a cambio de lo que me das”. Es un equilibrio permanente en el que no hay balanza para medir lo que cada uno aporta, no hay un debe y un haber escritos y controlables. Y uno tiene que medir lo que aporta sin sentirse el gran dador y sin esperar la respuesta inmediata.
  Si a pesar de los esfuerzos para vivir juntos aparece el desamor, se debe plantear con claridad qué se está dispuesto a hacer y plantearlo firmemente con el otro, con un honesto sentido del respeto, que debe estar siempre presente. Si el compañero no responde a esa claridad, volver a preguntarse con sinceridad qué se está preparado para hacer y no empezar con la letanía de las lamentaciones y los reproches. Irse o quedarse, ser fiel o infiel, admitir o no la realidad.
  Es uno el que decide, es l valor de la propia dignidad y es el amor que uno debe sentir por si mismo. No hay heroicidades o maldades, hay la decisión personal de una conducta que, aunque difícil, es la propia. La conducta individual debe ser asumida con claridad, sin falsas esperanzas, con el valor de ser una persona. Y, tomada la decisión, aceptarla y bregar para que ésta se realice.
  No se está solo. No hay que temerle a la soledad. Se está en el mundo. Los familiares, los amigos, los hijos están, y están los otros, desconocidos hoy que pueden ser conocidos mañana.
  Hombres y mujeres deben aprender desde niños a ser solidarios, así la vida es más feliz. Y aprender el desvelo por el otro y el cuidado por los otros. Y tener el valor de comprender al otro, de conocerlo más y ser más benévolo con las carencias ajenas.
  Hay que quererse pero no idolatrarse y hay que quererse y querer con las imperfecciones que todos tenemos. Cada uno debe tratar de estar satisfecho con lo que es. Cuando se está bien con uno mismo se aceptan más los errores de los otros y se tiene el coraje de comprender y realizar los proyectos a pesar de todo.
 Todos deberíamos desde niños aprender a hacer de la fraternidad no sólo una palabra. El matrimonio es una larga conversación, y en él, el compañerismo y a la amistad deben ser pilares sólidos y permanentes. Y si aprendiéramos a desterrar el odio, a acallar rencores, no por benevolencia sino por amor, la comprensión reemplazaría al orgullo. El rencor no cura las heridas y si la ira es patrimonio de los dioses, no lo somos.
  Antes de aceptar el contrato con el “hasta que la muerte nos separe” hay que plantearse seriamente qué fallas puede uno admitir para siempre y cuáles son las que nos resultan intolerables.

  Entonces, contrato ad referéndum, no. Contrato en el hoy, para iniciar una vida en común que nos haga capaces de desarrollar nuestras posibilidades, aunar fuerzas y tratar de ser dichosos.



El presente








El presente


Acaso el día de mañana amanezca aún más hermoso…
Pero no puedo avanzar mirando sólo el horizonte.
Corro el riesgo de no ver el paisaje que se abre a mi alrededor.

Por eso, yo prefiero el día de hoy. Me gusta pisarlo con fuerza, gozar su sol o estremecerme con su frío, sentir cómo cada instante me dice: PRESENTE!
Se que es muy breve, que pronto pasará, que no voy a poder modificarlo luego ni pasarlo en limpio… Como tampoco puedo planificar demasiado el día de mañana: es un lugar que todavía no existe.

Ayer, fui. Mañana, seré. Hoy, soy.
Por eso, hoy te digo que te quiero…
            hoy te escucho…
           hoy te pido disculpas por mis errores…
           hoy te ayudo…
          hoy comparto lo que tengo…
         hoy me separo de vos sin guardarme ninguna palabra para mañana.
Porque hoy respiro, transpiro, veo, pienso, oigo, sufro, huelo, lloro, trabajo, toco, río, amo…
Hoy.
Hoy estoy viva.
Como vos.
                                                        ELSA BORNEMANN



A mi papá...






A mi papá…

“Acaso ahora, con la lluvia, yo tenga tu corazón.
Acaso dentro mío no seas sino un aire que llega con mi propia voz y te recuerda.
Porque aún quedan cosas, y cosas por las que, tal vez, estás volviendo.
Porque estás en todo. Revoloteas de sueño en sueño; de viaje en viaje nunca emprendidos.
Todo era claro en tu corazón, más allá de tus ojos; y en ellos se dejaba estar la bondad, silenciosa.
Ahora que estoy sola, iré a buscarte en la noche que te perdí.
Y sé que voy a encontrarte. De cara al cielo, en dos estrellas.
Nos reuniremos en viejos Años Nuevos, abrazándonos, celebrándonos…
Si… Yo sé que todo esto que me pasa me volverá a ocurrir, porque esta voz que tengo a veces me sale con tu voz y sos yo misma; porque esta mano que te escribe es tu mano y tu sangre lo que va en mis venas; porque este gesto y este arrebato son tuyos y hasta es mío tu perfume.
Y míos son tus huesos, y mío tu cansancio y tu dolor también es mío.
Porque todo es como una palabra que no me sale nunca y se me muere en la boca para siempre.”



Vida propia







"Cuando vemos siempre a las mismas personas terminamos haciendo que pasen a formar parte de nuestras vidas. Y como ellas forman parte de nuestras vidas, pasan también a querer modificar nuestras vidas. Y si no somos como ellas esperan que seamos, se molestan. Porque todas las personas saben exactamente cómo debemos vivir nuestra vida. Y nunca tienen idea de cómo deben vivir sus propias vidas."