Todos los días tenemos que tomar decisiones grandes y
pequeñas.
Algunos lo llaman decisiones, pero en realidad son apuestas,
porque toda decisión implica un riesgo; a veces ganamos, a veces perdemos… a
veces perdemos tanto que desearíamos no haber echado la última mano de cartas.
A la hora de apostar, podemos ser conservadores o arriesgarlo
todo, lo cierto es que no sé como se gana más. Creo que es preferible
arrepentirse por apostar mucho y perder, que por no apostar nada y nunca saber
cuándo podríamos haber ganado.
Qué difícil es entender la vida cuando nos quita algo que
nos importa de verdad. De pronto vemos que perdimos la apuesta y no tenemos
energía ni para levantarnos de la mesa. Pero las apuestas las hacemos a diario,
muchas veces estamos a punto de perder algo y ni nos enteramos; otra veces
alguien apuesta por nosotros, pero no podemos cubrir la apuesta.
Dicen que la fortuna favorece a los audaces, pero creo que
son los audaces los que buscan las oportunidades de tener suerte.
Quizá no sea tan importante ganar o perder, sino luchar
hasta el final…
También es posible perder y ganar, todo en la misma jugada,
pero es un equilibrio muy delicado. Ganar… perder… volver a ganar… volver a
perder… tal vez lo más complicado de todo sea decidir cuánto queremos apostar.